Poco a poco el sentimiento se volvió más frío, más estático. Como una enfermedad crónica se iba tornando invisible, cubriendo su corazón de finas capas de escarcha.
Poco a poco se acostumbró a no sentir.
Pero a veces el maltrecho corazón intentaba volver a latir.
Con gran esfuerzo empujaba la dura coraza que lo aprisionaba. Si era lo bastante fuerte, lograba quebrarla y miles de astillas se clavaban en él. El dolor era siempre tan intenso que dejó de esforzarse y se resignó a la oscuridad.
Poco a poco el corazón se achicaba, las paredes lo oprimían cada vez más. Cansado y herido, bombeaba sangre a un cuerpo que ya no recordaba. Cada vez más débil, cada vez más triste, se olvidaba de la vida.
Un día el corazón, endurecido y agotado, se cansó de sufrir y decidió, con su último latido, romper el muro que lo había escondido del mundo.
El ruido fue atronador, alto y grave, como miles de fuegos artificiales, cuando bombeó con todas sus fuerzas la sangre, destruyéndolo todo a su paso.
El corazón roto, con lo que hubiera sido un último suspiro, se fue en paz.
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Publicado por mikaela en 5:00 p. m. 0 comentarios
Etiquetas: cuentos y otras desviaciones literarias
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